Donde duermen los pobres? ¿Donde duermen los migrantes?

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06 Junho 2018

"'¿Donde duermen los pobres?' Gustavo Gutiérrez, el clamor de esta pregunta es tu desafío a una 'civilización de la indiferencia', contra la cual denuncia Francisco", escribe Luiz Alberto Gómez de Souza, sociólogo. 

Vea el artículo aquí. 

Gustavo Gutiérrez | Foto: Periodista Digital

“¿Donde duermen los pobres?” Gustavo Gutiérrez, el clamor de esta pregunta es tu desafío a una “civilización de la indiferencia”, contra la cual denuncia Francisco. Y ahora tenemos un tipo muy particular de pobres por el mundo afuera: los migrantes, los desplazados. Ellos nos interpelan. Jesús fue, muy pequeñito, un migrante, huyendo del poder de su tiempo.

Tu pensamiento fue fundamento de la teología de la liberación. Viene desde tu ponencia en una reunión de teólogos en Petrópolis, en 1964, al tiempo terrible del golpe militar en Brasil. Seguiste abriendo caminos en muchos momentos, para llegar a aquella reunión en Chimbote, meses antes de Medellin, donde anunciabas: “Hacia una teología de la liberación”.

La categoría pobre entra en Medellín en buena parte por tus manos y se extiende en los años siguientes. Estuvimos juntos en Puebla, donde se afirmó la opción preferencial, presente en uno de los “modazos” que tu, desde afuera de la reunión, enviaste a tantos de tus amigos obispos y, recuerdo en especial, el cardenal Arns.

Pero hay una afirmación aún más decisiva, que planteaste en un encuentro de obispos peruanos antes de Puebla, recogida en la reunión: “Los pobres evangelizan”. No son solamente objetos de una preocupación pastoral, sino, con su potencial evangelizador, agentes concretos y dinámicos de la presencia de Cristo entre nosotros (Puebla, 1147).

Estuvimos juntos en tantos encuentros, reuniones y celebraciones, en Perú, Brasil, Chile, México, Italia. Y puedo dar testimonio de la luz que irradiaba de tus ponencias. Recuerdo tu charla en Washington, 1970, en la reunión del CICOP, encuentro de las Iglesias latinoamericanas con las de los Estados Unidos, que tuve el privilegio de ser uno de los coordinadores. Allí, en vísperas de la publicación de tu libro clásico, “Teología de la liberación. Perspectivas” (CEP,1971), indicabas: “Pensamos que la palabra ‘desarrollo’ no expresa bien (las) profundas aspiraciones (para la construcción de una sociedad justa y fraterna). ’Liberación’ parece ser más exacta e rica; además, abre un camino útil para la reflexión teológica”. En el Congreso Ecuménico Internacional de Teología en San Pablo, 1980, lanzabas, durante los debates, la necesidad de una pastoral de masas.

Juan Pablo II, en su miopía eclesiástica, al conocerte, por ocasión de un encuentro del MIIC, dijo que te creía más alto. No se daba cuenta de cómo te agigantas cuando hablas y comunicas a tantos auditorios. Recuerdo, por ejemplo, tú charla en uno de los Foros Sociales Mundiales, cuando tuve el honor de introducirte y de sentir el impacto en el público con la fuerza de tus palabras.

Pero en esta ocasión quiero también traer una dimensión más personal y afectiva. Nos conocimos en julio de 1959. Tu, sacerdote recién ordenado, volvías a Lima, donde el padre Alarco te esperaba para ofrecerte un trabajo con universitarios y fuiste a un encuentro de la JEC francesa, para conocer su práctica y su pedagogía. Allí estaba yo, como secretario general de la JEC Internacional. Te conté que iría a Brasil para casarme, donde Lucia me esperaba. Apuntaste la fecha de la boda, 5 de octubre de 1959 y desde entonces, en esa fecha, estamos presentes en tu Eucaristía.

Estábamos, Lucia e yo en Roma, cuando llegaste, en un momento difícil para ti y para la Iglesia peruana. Los obispos de tu país fueron convocados por el papa y eras el centro de los debates. Te alojaste en nuestra casa, medio clandestino. En ese entonces era el 5 de octubre de 1984, nuestras bodas e plata y celebraste una Eucaristía con nosotros y un pequeño grupo de amigos. Estábamos a pocos pasos de la Abadía de Tre Fontane, donde Pablo fue decapitado. Las intenciones fueron para la Iglesia peruana y para nosotros, Lucia, yo, Sílvia, Fernando y Flávio.

Más adelante, el 5 de octubre de 2004, estuvimos nuevamente juntos en la Universidad Notre Dame y, después de un dia de retiro que dirigiste, con amigos entrañables, Julia Lopez y Robert Fishman, nuevamente la Eucaristía fue en la intención de la Iglesia peruana y de nuestra pequeña Iglesia doméstica.

Muchas veces en broma me dijiste: “Recuérdate que sé de tu matrimonio y de la presencia de Lucia en tu vida. No faltes a ese compromiso”. La fidelidad es uno de los señales de nuestro amor.

Estuviste en nuestras casas en Brasil, Chile, México e Italia, como un miembro a más de la familia, hermano mayor en sabiduría y gracia. Conociste nuestro pequeño paraíso en Praia Brava, que ahora lo dejamos por una casa en Juiz de Fora, cerca de hijos y nietos.

Hermano querido, gracias por iluminar el camino de la Iglesia latinoamericana y de cada uno de nosotros. Queremos, Lucia e yo, que nos sientas muy presentes en tu celebración eucarística el 7 de junio y, día 8, en tu fiesta de 90 años de vida plena. Lucia tiene su cumpleaños el día 10, luego en seguida y, en su fiesta, estarás presente en las intenciones, como lo hacíamos en nuestras iglesias, en tiempos de muchas celebraciones.

Va un fraterno y enorme cariño de acción de gracias por lo que representas para nosotros, para tantos amigos por el mundo y para la Iglesia “de salida”.

Siempre tuyo, Luiz Alberto.

Confira a carta que o Papa Francisco escreveu a Gustavo Gutiérrez

(Foto: LaRepublica)

 

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