Indulto a los líderes contrarios al extractivismo en Ecuador abre el debate sobre el uso de los recursos naturales

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Por: João Vitor Santos | Tradução: Juan Luis Hermida | 20 Julho 2017

Ecuador es reconocido por ser el primer, y hasta ahora el único, país del mundo a reconocer en su Constitución los derechos de la naturaleza. El objetivo del apartado legal es el de asegurar la buena convivencia entre el ser humano y el planeta, de modo a hacer uso consciente de los recursos naturales. Es un intento de mantener el concepto del Buen Vivir de los pueblos originales y su relación con la naturaleza para el mundo de hoy que, muchas veces, despoja la naturaleza de acuerdo con sus intereses económicos. Tentativa, pues, a pesar de la protección constitucional, el gobierno de Rafael Correa provocó inúmeros conflictos por la asociación que hizo entre su política económica y el modelo tradicional en los últimos años.

Un ejemplo de esos conflictos se da en el parque nacional Yasnuí, en la Amazonia ecuatoriana. En octubre de 2016, tuvo inicio la explotación de petróleo en el campo ITT-Tiputini, marcando el fracaso de las comunidades locales y de ambientalistas que luchaban para dejar intocadas las reservas de petróleo, en parte localizadas dentro de una reserva. En 2007, Rafael Correa abrazó un proyecto ambiental según el cual el petróleo de la región no sería explotado. Por mantener la reserva, el país recibiría una compensación de la comunidad internacional. Sin embargo, la expectativa de la llegada de recursos del exterior no fue alcanzada, y la iniciativa Yasnuí-ITT fue abandonada en 2013. En 2014, la explotación de petróleo en el campo fue aprobada por el Congreso, cambiando completamente la intención inicial del gobierno.

Vista aérea del parque nacional Yasuní, en Ecuador (Foto: Esteban Salcedo | Google Maps)

Según el periódico local Plan V, el extractivismo de Correa no se limitó al petróleo, avanzando también para la minería de otros productos e incentivo a culturas también extractivistas, como las conocidas plantaciones de banana. Todas esas políticas desencadenaron una serie de manifestaciones populares y muchas personas, por sublevarse contra esa política de Correa, acabaron presas y enfrentando procesos jurídicos. Ahora, el gobierno Lenin Moreno parece hacer movimientos que traen esperanzas a los defensores de los derechos de la naturaleza. Con la intención de iniciar el diálogo con esos grupos, el actual presidente concedió indultos para los líderes sociales que estaban en prisión. Para analistas locales, esa intención de Moreno de ventilar el debate puede tomarse como un momento interesante para proponer un nuevo debate sobre la matriz económica del extractivismo del Ecuador. Una alternativa es traer para la mesa de negociaciones la perspectiva del pos extractivismo.

Hacer las paces con la naturaleza es urgente para el país.

En artículo publicado en el Plan V, el ambientalista Eduardo Gudynas destaca que es urgente para Ecuador rediscutir su perspectiva extractivista. Según él, el país puede ser clasificado como híper extractivista, pues tiene su economía basada en la exportación de sus materias primas. O sea, 90% de lo que Ecuador exporta son bienes comunes extraídos de la naturaleza, incluyendo en esa cuenta el comercio de hidrocarburitos, petróleo. Otros dos países híper extractivistas latino americanos son Bolivia y Venezuela. “Como extractivismos implican en enormes volúmenes de recursos y afectan grandes áreas del país, muchos ciudadanos resisten a esa política. Muchos proyectos acaban en conflictos con las comunidades locales, llevando al estado o a las empresas a responder con más violencia”, completa Gudynas.

Más allá de todo, la economía ecuatoriana basada en el extractivismos queda limitada, dejando al país mal clasificado en el ranking de complejidad económica. Comparado a los otros países de América del Sur, está en la penúltima colocación, en seguida de Bolivia. Y así, viene amargando un déficit en la balanza comercial desde 1990 (lo que significa que el país exporta mucho más recursos de lo que importa). En 2012, el déficit líquido ultrapasó los 12 millones de toneladas. En general, para cada tonelada de productos importados, Ecuador debe exportar dos toneladas de recursos naturales.

Son esos, entre otros tantos motivos, que hacen el ambientalista ser uno de los partidarios de la idea del pos extractivismo. “Usted no puede continuar sobre el impacto de esas estrategias, o resignarse a permanecer como proveedores de materias primas. La naturaleza no tolera más impactos, las comunidades locales están cansadas de todos esos problemas”, señala Gudynas en su artículo. En el pos extractivismo, mucho más de que hacer un uso consciente, respetando los recursos naturales, está presente una lógica de retomada de los principios de las comunidades nativas, valorizando producciones locales y la relación con el medio ambiente. Son otros caminos para el desenvolvimiento económico y la erradicación de la pobreza entre los ecuatorianos.

El pos extractivismos puede ser entendido como un conjunto de medidas de transición que presentan otras culturas y políticas no pautadas por la lógica de la extracción. Esas medidas pueden ser implantadas a corto plazo, con acciones más urgentes para interrumpir los más graves impactos de las acciones extractivistas, o, en una fase más amplia, desenvolver acciones de largo plazo. Consiste en reforzar otras opciones productivas y económicas y reforzar las transformaciones políticas que permitan alcanzarlas. “Estos primeros pasos deben proponer que el país deje de ser un ejemplo de híper extractivismo. La representación de materias primas en las exportaciones debe ser inferior al 50% del total”, indica el ambientalista. Él también sugiere que, en paralelo, se fortalezcan “otros sectores productivos, en donde las prioridades sean la agricultura, la ganadería y la silvicultura. Estos exigen proporcionalmente más empleos, contribución para la autosuficiencia alimentar, y hay varias opciones para procesos que utilizan menos material, energía y agua. A largo plazo, procura extraer del ambiente lo que es realmente necesario para garantir la calidad de vida.”

Perspectiva es urgente también en otros países

Así como Ecuador, Argentina tiene una política económica de fuerte orientación extractivista, básicamente apoyada en la minería, explotación de petróleo, agricultura y pesca. Por cuestiones comerciales y por amargar déficits, más allá de quedar rehén de mercados internacionales, el país comienza a reflexionar el debate pos extractivista muy como resultado de su proceso de desindustrialización. Incluso gobiernos más conservadores, como el de Mauricio Macri, comienzan a darse cuenta que es urgente discutir otras matrices productivas. Es en ese momento que partidarios del pos extractivismos ven la oportunidad de pautar el debate.

En Brasil, el escenario no es muy diferente. Las inclinaciones desarrollistas asumidas por los gobiernos, dichos como de izquierda, de Lula y Dilma Rousseff promovieron el crecimiento de emprendimiento que, más allá de explotar recursos naturales, trajo grandes impactos para las comunidades nativas. Es el caso de la construcción de la Usina de Belo Monte en el norte del país, además de otros emprendimientos relacionados a la minería.


El papel del Estado

En entrevista al sitio web del Instituto Brasilero de Análisis Sociales y Económicas – Ibase, el padre Dario Bossi, ambientalista e integrante de la organización Justicia en los Rieles, destaca que el estado tiene un papel fundamental en las proposiciones de la transición del modelo extractivista para pos extractivista. “Hoy, el estado es cómplice de un modelo con el fin de la exportación y re-primarización de la economía y eso se refleja en la apertura de la legislación ambiental y en el privilegio de grandes proyectos en detrimento de la gestión de los territorios por las comunidades, por ejemplo”, analiza.

Para el activista, los gobiernos, en una acción de estado, deben de implementar decisiones económicas y el intercambio productivo, “pero el primer paso que debe de ser dado es la simple aplicación de las leyes, porque ni eso está sucediendo. El propio estado actúa contra las leyes para disfrazar impactos sociales y ambientales generados por el modelo económico.” Dario todavía destaca que, en la comparación con países de América Latina, Brasil todavía está muy lejos en el debate pos extractivista. “Quizás por el tamaño y por la abundancia de recursos en nuestro territorio, este debate haya sido aplazado. Solamente ahora comienza a florecer la conciencia delante de los grandes impactos sociales del actual modelo económico y también frente a la percepción del límite de los recursos naturales”, analiza.

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