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11 Setembro 2017

Mártires de San Juan Bosco. Haití, +1988.

En Puerto Príncipe, Haití. La iglesia de San Juan Bosco es una construcción precaria, pequeña para los doscientos mil habitantes del barrio. Su párroco es un sacerdote enjuto, negro y de ojos vivaces, con un corazón que palpita con los latidos de sus fieles con hambre, maltratados cada vez que levantan la voz reclamando libertad y justicia. La misa de cada domingo es un diálogo del pastor, Jean Bertrand Aristide y su pueblo. Hay denuncias y propuestas alternativas desde el Evangelio. Hay cánticos, consignas desde los que se sienten interpretados en sus sufrimientos y esperanzas. El diálogo transcurre entre el pequeño profeta y cuatro, cinco mil personas que se hacinan en el templo o en torno a los altavoces del patio.

San Juan Bosco es un símbolo de resistencia pacífica, que molesta a las fuerzas represivas que presionan a la jerarquía para que saque de allí al padre Aristide. Cada intento es impedido por una movilización popular. La más significativa es la huelga de hambre que doce muchachos hacen en la catedral, con dos objetivos: que la jerarquía católica se pronuncie sobre la reciente masacre de Jean-Rabel y que el padre Aristide permanezca en San Juan Bosco. Millares de personas pasan por la catedral para solidarizarse con los huelguistas durante ocho días. Mientras la conciencia crece, la Iglesia cede a las dos demandas. No queda más que la fuerza de las armas para acallar la voz de Aristide.

Ese día, durante la misa, y en el marco de una represión generalizada del ejército, un grupo de civiles con armas largas, prenden fuego al templo y disparan contra la multitud aterrorizada. Un grupo enfrenta a los asesinos con la sola fuerza de sus puños. El padre Aristide se salva milagrosamente, pero quedan tendidos los cuerpos de doce feligreses -consta que los asesinos retiran muchos más- y hay setenta heridos.

Se sabe después que el nuncio apostólico está cerca de la parroquia San Juan Bosco cuando ocurre la masacre y no interviene llamando a la policía o informando al gobierno. Su autoridad moral, política, diplomática tal vez hubiese evitado la masacre.

El 25 de noviembre Michelet Dubreus, de 22 años y Jean Félix, dos cristianos de la parroquia son asesinados a balazos por reconocer a algunos de los atacantes del 11 de septiembre y que ahora también actúan a cara descubierta, con la mayor impunidad. Michelet, Jean y todos los mártires anónimos de San Juan Bosco integran el gigantesco Via Crucis que recorre Haití y que acabará en resurrección

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