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09 Setembro 2017

Hildegard Feldman y Ramón Rojas. Colombia, +1990.

Hildegard Feldman, religiosa, y Ramón Rojas, catequista, mártires de la fe y el servicio a los campesinos colombianos.

"Hilda", como todos la llaman cariñosamente, es religiosa laica, de nacionalidad suiza y de 54 años de edad. Pertenece a la Sociedad Misionera de Bethlemitas. Asesinada de un balazo en el corazón en El Sande, municipio de Guachaves, departamento de Nariño. Junto a ella es asesinado el catequista Ramón Rojas, en cuya casa vivía la misionera. Hilda es enfermera y partera. Después de trabajar 20 años en la India, elige Colombia como nuevo campo de misión. Aquí se integra al Vicariato de Tumaco. Trabaja en Bocas de Satinga, durante varios años, pero deseosa de servir a los más abandonados opta por El Sande, población a la que se acede desde Samaniego, a través de una larga carretera de tierra y después doce horas a caballo.

Sencilla, casi frágil, seria y amable a la vez, discreta y servicial siempre. Hilda es una experta profesional, que atiende con la misma soltura un parto, un niño con diarrea o extrae la muela a un campesino. Es hábil para trasmitir sus conocimientos a los promotores de salud o a las mujeres que no saben cómo cuidar a sus bebés. En El Sande, junto a la casa de Ramón Rojas hay otra, deshabitada, donde suelen pasar los guerrilleros.

Esa tarde de domingo el ejército llega sorpresivamente, mata a un guerrillero y entra a la casa del catequista, donde Hilda está atendiendo a una enferma. Es la primera en ser asesinada, después el catequista y un muchacho que intenta huir. La casa es totalmente revuelta por los militares, que buscan vinculaciones de Hilda con la guerrilla. El no encontrar nada los enloquece: ordenan enterrar inmediatamente los cadáveres y que nadie salga de la población.

Tres días después se recuperan los cuerpos. El funeral de Hilda, en Samaniego, es una verdadera apoteosis. Al obispo, sacerdotes y religiosas se suman miles de jóvenes, con pancartas de rechazo a la violencia militar. "La muerte lleva a la resurrección: el sufrimiento, la destrucción y la humillación abren paso a la alegría, al triunfo y a la vida", había escrito Hilda hace poco. Y sus palabras son una realidad a la luz de la muerte

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