¿Creer en Dios se convirtió en un cálculo de pros y contras? Entrevista con Franco Garelli

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Por: Patrícia Fachin | Traducción italiano: Fernanda Cassola | Traducción español: Juan Luis Hermida | 08 Setembro 2016

Aunque exista “una gran demanda por sentido que tenemos que aprender a escuchar y a interpretar”, lo números indican que, en dos décadas y media, el número de jóvenes que se declaran “sin Dios” o “sin religión” “más que duplicó”, y hoy en día el porcentaje de jóvenes incrédulos alcanza niveles de 28% en la población italiana, dice Franco Garelli a IHU On-Line.

Esas informaciones componen el libro Piccoli atei crescono.Davvero una generazione senza Dio? (Pequeños ateos crecen. ¿Verdaderamente una generación sin Dios?- en traducción libre), publicado este año por la editora Il Mulino, el cual es resultado de dos estudios recientes realizados, al mismo tiempo, en 2015: una cuantitativa, con una amuestra de cerca de 1.500 casos representandos, en nivel nacional, los jóvenes entre 18 y 29 años; y otra cualitativa, con 150 entrevista directas con universitarios en Roma y en Turín.

En la entrevista a continuación, concedida a IHU On-Line por e-mail, el sociólogo italiano comenta algunos datos del estudio y señala que la “tendencia” evidenciada en las entrevistas realizadas con jóvenes “es bastante clara: no hay escasez de jóvenes (como los de la Jornada Mundial de la Juventud – JMJ) que en una sociedad pluralista, viven con entusiasmo y compromiso una opción religiosa y un pertenecer a la iglesia consciente, desconectándose del sentimiento difundido; pero muchos mantienen una conexión tenue y muy subjetiva con la tradición religiosa, en cuanto aumentan aquellos que ya rompieron con el enlace con la identidad católica, considerándose ahora en la posición de ateo agnóstico o de indiferencia religiosa.”

A pesar del “viento anti institucional” que también ronda la Iglesia, Garelli dice que “muchos jóvenes se alejan” de ella por juzgarla “vieja, cansada y ultrapasada.” Para él, diferente de otros momentos, actualmente hay “señales de un ateísmo o de un agnosticismo de cara más humana, no presumido, ni arrogante.” Y resume: “En suma, los límites entre creer o no creer parece doblarse en una generación acostumbrada a pesar de los pros y los contras de cada opción y a considerar legítimas las elecciones que cada individuo hace de forma consciente, por más que diferentes de las suyas.”

Franco Garelli alecciona en la Universidad de Turín, en donde también fue decano de la Facultad de Ciencias Políticas entre 2004 y 2010. Es miembro de la Asociación Italiana de Sociología y de la Sociedad Internacional de Sociología de la Religión. Garelli también es autor de, entre otros, La religiositá in Italia (Arnoldo Mondadori Editore, Milano, 1996), Un singolare pluralismo (Il Mulino, Bologna, 2003), L´Italia cattolica nell´epoca del pluralismo (Il Mulino, Bologna, 2006) y La Chiesa in Italia (Il Mulino, Bologna, 2007).

A continuación la entrevista.

IHU On-Line - ¿Cuáles son las evidencias de la práctica religiosa está cambiando en Italia, especialmente entre los jóvenes llamados millennials? ¿Cómo ellos se relacionan con la religión?

Franco Garelli – El título de mi libro indica la principal novedad en el campo de la religión que es registrada en nuestro país. Los jóvenes con edad entre los 18 y los 29 años, en Italia, que se declaran “sin Dios” o “sin religión” son ahora un gran grupo, cerca de 28% de la población en ese grupo de edad. En cuestión de 20-25 años, ese número más de que duplicó. El ateísmo o la indiferencia religiosa juvenil no nos afecta en los niveles que alcanzan en otros países europeos (como Francia, Bélgica, Suecia, Alemania), pero no hay dudas de que, mismo en Italia, el escenario está cambiando.

Se trata de un fenómeno el cual, generalmente, se le da poca atención. Muchos observadores miran para los nuevos movimientos religiosos, para el encanto de las religiones orientales, para el deseo de espiritualidad alternativa; que, todavía, en Italia crecen con mucho menos vigor de lo que sucede con los jóvenes que no sólo viven y se comportan “como se Dios no existiese”, pero que se declaran “incrédulos”, de haber retirado del propio documento de identidad una referencia suprema o transcendente, de no sentir más la necesidad de una ciudadanía religiosa, en otras palabras - como dice un entrevistado – de “no tener necesidad de Dios para llevar una vida sensata.”

“Un tiempo sagrado”

Junto de los “sin Dios” y de los “sin religión” existe un gran porcentaje de jóvenes que continúan manteniendo un relacionamiento con la religión y los ambientes eclesiásticos. La condición “fiel” todavía es popular, pero muy diferenciada en su interior. Los jóvenes fieles “convictos y activos” son, ahora, una pequeña y cualificada minoría (15-20%), que expresa una fe vital y comprometida en las comunidades locales, principalmente como resultado de experiencias positivas vividas en familia y en ambiente eclesiales. Pero en el conjunto de los jóvenes “fieles” prevalecen – como ya sucede en la población adulta – aquellos que expresan un catolicismo más de intenciones de que lo vivido; y especialmente, aquellos que adhieren a la religión católica pero por razones ‘ambientales’ y culturales de que espirituales, encontrando, en ese nivel, un pertenecer de identidad que proporciona seguridad en un mundo cada vez más precario y plural, mismo del punto de vista religioso.

Si 72% dicen creer en Dios, apenas 27% admiten oración regular y 13% frecuentan servicios religiosos semanales. Los “infieles” son 28%, pero si sumados a los “que pertenecen a ninguna creencia” el número crece significativamente. Más de 2/3 declaran haber frecuentado en la infancia y en la adolescencia, la parroquia y la iglesia para actividades extra catecismo; 43% tuvieron experiencias religiosas positivas; cerca de 1/3 dice haber tenido crisis o experiencias religiosas que los alejaron de la fe. Más de 2/3 consideran que, actualmente, no es anticuado creer en Dios o tener una fe religiosa.

Es una relación menos vinculante en comparación con el pasado, típico de quien permanece de alguna manera ligado sin ser religiosamente activo, que, sin embargo, todavía expresa la necesidad de tener “un tiempo sagrado” por encima de sí mismo, con el cual pueda contar en circunstancias especiales, cuando son preguntados sobre cuestiones cruciales de la vida o sobre valores fundamentales de su propia cultura.

En resumen, la tendencia es bastante clara: no existe escasez de jóvenes (como los de la Jornada Mundial de la Juventud – JMJ) que, en una sociedad pluralista, viven con entusiasmo y compromiso una opción religiosa y un pertenecer a la iglesia de manera consciente, alejándose del sentimiento difundido; pero muchos mantienen una ligación tenue con la identidad católica, considerándose ahora en la posición de ateo agnóstico o de indiferencia religiosa.

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