Pedro Arrupe, Vigésimo Octavo Superior General de la Compañía de Jesús

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23 Novembro 2018

En homenaje al padre Arrupe, la Curia Jesuita, con apoyo del Grupo de Comunicación Loyola - España, ha publicado un nuevo sitio web con textos inéditos y fotografías sobre su legado. Compartimos el texto de entrada.

El texto fue publicado por Jesuits Global, 22-11-2018.

Pedro Arrupe nace en Bilbao (España) el 14 de noviembre de 1907. Tras su bachillerato con los Escolapios empieza la carrera de Medicina. Son cuatro años de estudios en Madrid, con excelentes resultados, al mismo tiempo que se acerca a zonas pobres de la ciudad y conoce de primera mano situaciones de miseria y gran necesidad. Su formación y temperamento religioso le llevan a preguntarse por muchas cosas, como, por ejemplo, la enfermedad y la curación física y espiritual de las personas. Tras una honda experiencia en Lourdes (Francia), entiende que su propio modo de colaborar con estas realidades supone en 1927 dejar sus proyectos anteriores y entrar en la Compañía de Jesús.

Durante su formación, empezando por Loyola, pasará estancias en España (poco antes de ser expulsados los jesuitas), Bélgica, Holanda y Estados Unidos. En 1936 es ordenado sacerdote. Tras haberlo pedido varias veces, en 1938 es enviado a Japón. Desde el principio se dispone a adaptarse y asumir la cultura local. Pero son años políticamente difíciles, en los que –por su condición de extranjero en tiempos de guerra- incluso llega a ser acusado de espionaje y encarcelado varios meses. En Hiroshima, siendo el encargado de formar a los jóvenes jesuitas japoneses, padece la terrible explosión de la bomba atómica en agosto de 1945. Reacciona acogiendo a muchos heridos en su casa, curándoles y acompañándoles.

Terminada la Guerra Mundial, desde 1954, como Superior de los jesuitas que viven en Japón, viaja por todo el mundo, invitando a compañeros suyos de hasta treinta países a unirse a esta misión. Con su personalidad, tan atractiva por su simpatía, preocupación directa por cada uno, humildad y empuje, se da pronto a conocer. En 1965 los jesuitas le eligen en Roma Superior General suyo. Ven en él, además, a un hombre de Dios capaz de entender y afrontar la difícil situación por la que empiezan a pasar la Iglesia y la sociedad. Arrupe, profundamente unido a la persona de Jesucristo, emprende con decisión y entusiasmo un camino de acercamiento al hombre en su propia situación, ya sea de increencia, pobreza, lucha por la libertad o búsqueda de Dios.

Confía en sus colaboradores, anima, sugiere a la Iglesia que aplica el Vaticano II modos de avanzar. Es pionero y entra en terrenos hasta entonces sin explorar, como el de una sociedad secularizada y plural o la llegada de los refugiados. Conduce por aquí a los alumnos de la Compañía e invita a los intelectuales a descubrir con su estudio las causas de la injusticia y la falta de fe. En estos años un buen número de jesuitas conocerán el martirio, consecuencia de las actitudes que Arrupe promueve: servir sin distinguir raza o clase, vivir con los que sufren hasta dar la vida, defender sus derechos hasta el final. Como buen amigo y guía, acompaña a unos y a otros en su andadura.

En 1981, a la vuelta de un viaje por Asia, sufre una trombosis cerebral. En 1983, tras haber intervenido el papa Juan Pablo II en el gobierno de la Compañía, es elegido su sucesor, el P. Kolvenbach. En medio de su enfermedad, que lo va deteriorando, experimenta un abandono todavía mayor a Dios, hasta su muerte en Roma el 5 de febrero de 1991.

Pedro Arrupe | Foto: Jesuits Global

 

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